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miércoles, 6 de junio de 2007
domingo, 18 de marzo de 2007
Huelva, hace cinco años, al hamdu lillah

Fue un costa a costa Bilbao-Huelva con motivo de un congreso sobre inmigración. Fue una larga conversación que se prolongó hasta el anochecer. Y una puerta que se abrió hacia una nueva vida tras aquel primer día de viaje iniciático en tantos sentidos.
En Huelva sentí por primera vez que estaba dentro del Islam, que había atravesado el espejo. No miraba al muslim, era un muslim. Había buscado en esa dirección y Allah subhana wa ta ala me guió, me ayudó, me facilitó la tarea.
Al hamdu lillah, seis meses después dije mi shahada en público en una mezquita repleta de musulmanes, tras el salat yumua.
miércoles, 10 de enero de 2007
Meditaciones de un muslim de Bilbao /1/
Assalamu alaykum. Sentí que era muslim en abril de 2002, a los 38 años. Hice mi shahada en la mezquita Badr de Bilbao en septiembre de aquel mismo año.
He ganado mucho. Tengo un proyecto y un modelo de vida, formo parte de la Umma, al hamdu lillah.
He perdido mucho. Lo más duro, las pérdidas afectivas. Las amistades que se van difuminando porque los estilos de vida y las visiones del mundo resultan demasiado incompatibles. Las relaciones en las que la espontaneidad es sustituída por la prudencia y se está a la defensiva, no hay relax.
Queda la duda de saber si esto va a ser así inevitablemente o si estos distanciamientos son irreversibles. Allahu alam.
Cuando volví al Islam en 2002 ni por lo más remoto me podía imaginar todo lo que ha venido después. Sin embargo, un hermano me dijo entonces dos grandes verdades:
- si entras en el Islam, va a ser un cambio completo,
- una cosa es el Islam y otra los musulmanes que vas a conocer.
Quiera Allah guiarnos y facilitarnos nuestra tarea.
He ganado mucho. Tengo un proyecto y un modelo de vida, formo parte de la Umma, al hamdu lillah.
He perdido mucho. Lo más duro, las pérdidas afectivas. Las amistades que se van difuminando porque los estilos de vida y las visiones del mundo resultan demasiado incompatibles. Las relaciones en las que la espontaneidad es sustituída por la prudencia y se está a la defensiva, no hay relax.
Queda la duda de saber si esto va a ser así inevitablemente o si estos distanciamientos son irreversibles. Allahu alam.
Cuando volví al Islam en 2002 ni por lo más remoto me podía imaginar todo lo que ha venido después. Sin embargo, un hermano me dijo entonces dos grandes verdades:
- si entras en el Islam, va a ser un cambio completo,
- una cosa es el Islam y otra los musulmanes que vas a conocer.
Quiera Allah guiarnos y facilitarnos nuestra tarea.
domingo, 7 de enero de 2007
Cuaderno de Izmir. IV.
Izmir, Kordon, 23 de diciembre.
Estoy de vuelta. Últimos momentos en Izmir gavur. Paseos por el Kordon, como un día más. Sol, mar, una brisa fresca. Cuento seis barcos pasando por la bahía. Esmirna en continuo movimiento, como la Yamaa al-Fna de Goytisolo. Esmirna seductora y a la vez o por ello, profundamente indiferente, es decir, cosmopolita.
Me voy. Me voy. Me voy pero me quedo. Me lo dicen mis ojos húmedos desde ayer por la tarde, en la secreta intimidad del hotel. Me voy como Blas de Otero, herido de amor por Izmir. Pero aquí no hay muerte ni fracaso. Hay vida, una aventura turca repleta de matices e interrogaciones, ambigua y contradictoria. Reflejo de mi vida actual al borde de lo desconocido: Esmirna-espejo acuático.
Armonía, serenidad, calidez de los días de Izmir. En este lugar hasta el dolor más profundo, la irrupción de los fantasmas más angustiosos se producen de una manera suave, relativizada, moderada por la inmensidad de esa especie de Everest líquido que abraza y perdona todo cuanto en su orilla sucede.
- - - -
Memoria de un Kordon que no repara en sus continuos paseantes, que no tiene ojos. Izmir ciudad a la que no puedo dejar de volver.
Estoy de vuelta. Últimos momentos en Izmir gavur. Paseos por el Kordon, como un día más. Sol, mar, una brisa fresca. Cuento seis barcos pasando por la bahía. Esmirna en continuo movimiento, como la Yamaa al-Fna de Goytisolo. Esmirna seductora y a la vez o por ello, profundamente indiferente, es decir, cosmopolita.
Me voy. Me voy. Me voy pero me quedo. Me lo dicen mis ojos húmedos desde ayer por la tarde, en la secreta intimidad del hotel. Me voy como Blas de Otero, herido de amor por Izmir. Pero aquí no hay muerte ni fracaso. Hay vida, una aventura turca repleta de matices e interrogaciones, ambigua y contradictoria. Reflejo de mi vida actual al borde de lo desconocido: Esmirna-espejo acuático.
Armonía, serenidad, calidez de los días de Izmir. En este lugar hasta el dolor más profundo, la irrupción de los fantasmas más angustiosos se producen de una manera suave, relativizada, moderada por la inmensidad de esa especie de Everest líquido que abraza y perdona todo cuanto en su orilla sucede.
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Memoria de un Kordon que no repara en sus continuos paseantes, que no tiene ojos. Izmir ciudad a la que no puedo dejar de volver.
Cuaderno de Izmir. III

Izmir, Konak, 20 de diciembre
Hay algo de Les cabines de bain de Monique Lange y algo de La muerte en Venecia en estos largos paseos matinales por el fascinante Kordon de Esmirna, la ciudad que me ha capturado.
¿Cómo podré volver a vivir sin este mar, sin este horizonte infinitamente azul? ¿Cómo salir indemne de Esmirna? ¿Cómo no temer los días sin la inmensa bahía, sin los barcos, las gaviotas, el viento frío, las lágrimas a punto de brotar de los ojos deslumbrados? ¿Cómo olvidar esta sensación de estar salvado y a la vez condenado en y por Esmirna? ¿Por qué haber venido a este lugar mítico, sede y depósito de tanto dolor, herida, pérdida, refugio de almas y de fantasmas, lugar abierto por el que ir al cielo o al infierno?
Hay algo de Les cabines de bain de Monique Lange y algo de La muerte en Venecia en estos largos paseos matinales por el fascinante Kordon de Esmirna, la ciudad que me ha capturado.
¿Cómo podré volver a vivir sin este mar, sin este horizonte infinitamente azul? ¿Cómo salir indemne de Esmirna? ¿Cómo no temer los días sin la inmensa bahía, sin los barcos, las gaviotas, el viento frío, las lágrimas a punto de brotar de los ojos deslumbrados? ¿Cómo olvidar esta sensación de estar salvado y a la vez condenado en y por Esmirna? ¿Por qué haber venido a este lugar mítico, sede y depósito de tanto dolor, herida, pérdida, refugio de almas y de fantasmas, lugar abierto por el que ir al cielo o al infierno?
Cuaderno de Izmir. II.

Izmir, 19 de diciembre
Aquí estoy, en la soledad matinal de Esmirna, con mis recuerdos, con mis fantasmas, con el corazón rebosante de angustia, una vez más.
- - - -
Esmirna como combinación de sensaciones opuestas. La belleza de la inmensa bahía fría de invierno, oscura o soleada, con sus barcos pessoanos que pasan por nuestras vidas y nem se saúdam nem se conhecem. Esmirna con sus rumores suaves, sus voces turcas populares o juveniles, nunca estridentes. Nada me molesta en esta ciudad que no siento estar visitando, que me ha aceptado, en la que vivo. Esmirna ciudad abierta hasta el punto de que muy pronto he olvidado el día en que llegué aquí.
Sólo siento que estoy, que busco en Izmir, que en ella me entrego a un ejercicio de introspección agotador. Que en ella no sé pensar el momento en el que ya no habrá ella.
Aquí estoy, en la soledad matinal de Esmirna, con mis recuerdos, con mis fantasmas, con el corazón rebosante de angustia, una vez más.
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Esmirna como combinación de sensaciones opuestas. La belleza de la inmensa bahía fría de invierno, oscura o soleada, con sus barcos pessoanos que pasan por nuestras vidas y nem se saúdam nem se conhecem. Esmirna con sus rumores suaves, sus voces turcas populares o juveniles, nunca estridentes. Nada me molesta en esta ciudad que no siento estar visitando, que me ha aceptado, en la que vivo. Esmirna ciudad abierta hasta el punto de que muy pronto he olvidado el día en que llegué aquí.
Sólo siento que estoy, que busco en Izmir, que en ella me entrego a un ejercicio de introspección agotador. Que en ella no sé pensar el momento en el que ya no habrá ella.
Cuaderno de Izmir. I.

Izmir, 17 de diciembre
Matinée fría de invierno en el Café D junto al mar, entre Cumhuriyeti meydani y Konak. En este tranquilo café suena casi todo el tiempo música en español, del mismo modo que en la maravillosa librería-café Iletisim (Comunicación) se oye casi siempre un cierto tipo de música intimista francesa. En la librería Oteki, por su parte, prefieren a Cesária Évora.
No es dificil para un extranjero encontrar algunos puntos de referencia en medio de la ciudad turcófona, pequeñas islas-refugio. El local donde comprar el periódico (Le Monde), el cybercafé más cercano al hotel, los dos o tres sitios más accesibles para comer, las librerías, algunos centros culturales, un cine interesante (el Izmir Sinema), un gran parque (el Kültür Park)...
En la ciudad vieja, Kemeralti, tampoco es imposible encontrar referencias: el caravansar restaurado Kizilagarasi Han, Hisar camii, así como otras mezquitas otomanas. Pero en el bazar no cabe intentar el tipo de orientación habitual. Por primera vez en mi vida entro con total libertad y tranquilidad en un barrio oriental, dejándome llevar, solo y sin prisas, disponible para todos los descubrimientos, sin nada que hacer, sumido en mi silencio acompañado por el ajetreo (nada estrepitoso ni agobiante) del bazar con sus múltiples rostros y rincones.
Matinée fría de invierno en el Café D junto al mar, entre Cumhuriyeti meydani y Konak. En este tranquilo café suena casi todo el tiempo música en español, del mismo modo que en la maravillosa librería-café Iletisim (Comunicación) se oye casi siempre un cierto tipo de música intimista francesa. En la librería Oteki, por su parte, prefieren a Cesária Évora.
No es dificil para un extranjero encontrar algunos puntos de referencia en medio de la ciudad turcófona, pequeñas islas-refugio. El local donde comprar el periódico (Le Monde), el cybercafé más cercano al hotel, los dos o tres sitios más accesibles para comer, las librerías, algunos centros culturales, un cine interesante (el Izmir Sinema), un gran parque (el Kültür Park)...
En la ciudad vieja, Kemeralti, tampoco es imposible encontrar referencias: el caravansar restaurado Kizilagarasi Han, Hisar camii, así como otras mezquitas otomanas. Pero en el bazar no cabe intentar el tipo de orientación habitual. Por primera vez en mi vida entro con total libertad y tranquilidad en un barrio oriental, dejándome llevar, solo y sin prisas, disponible para todos los descubrimientos, sin nada que hacer, sumido en mi silencio acompañado por el ajetreo (nada estrepitoso ni agobiante) del bazar con sus múltiples rostros y rincones.
(Este Cuaderno reúne voces e imágenes de diciembre de 2003)
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